CUANDO APURARSE SE VUELVE COSTUMBRE
En Ciudad de Panamá, hasta los planes para descansar parecen tener prisa.
Se sale tarde de una reunión, se responde un mensaje mientras se decide dónde cenar y alguien propone escaparse el fin de semana con la misma energía con la que organiza una videollamada. El grupo acepta. Después viene la parte conocida: qué hacer primero, qué no perderse, quién reserva, a qué hora se sale.
El Valle de Antón queda dentro de un antiguo cráter volcánico. Eso ya debería ser suficiente para cambiar la conversación. No porque un volcán resuelva nada, sino porque obliga a poner las cosas en otra escala: montañas alrededor, niebla en movimiento, senderos que no prometen eficiencia.
Es un lugar donde el grupo puede dejar de intentar aprovecharlo todo. Y empezar, por fin, a estar.