Qué preguntar
Si el destino es sorpresa, no pregunten el nombre. Pregunten el rango de temperatura, si van a caminar y si hay una noche que pida otra ropa. Con esas tres respuestas se arma una valija. Con el nombre del lugar se arruina el regalo.
Pidan también la duración y si el traslado es en avión, micro o auto. No es lo mismo una valija de cabina que una que viaja en el baúl. El misterio cabe igual en las dos.