LA CIUDAD DONDE HASTA EL DESCANSO HACE RUIDO
Ciudad de México tiene una habilidad extraña: convertir cualquier plan tranquilo en una producción.
Hay que elegir el lugar, salir con tiempo, encontrar tráfico, reservar, decidir si se suma alguien más. Un grupo de amigos puede pasar una semana entera intentando organizar una salida y terminar celebrando que encontró una fecha, aunque nadie recuerde ya qué quería hacer.
Tepoztlán aparece como una respuesta bastante concreta.
El cerro está ahí. Las calles van hacia él. El pueblo tiene mercado, barrios, patrimonio, comida y un ritmo que no obliga a llenar cada hora para que el viaje parezca válido.
En una Essenza de dos noches, eso es suficiente.
No se trata de desaparecer de la ciudad. Se trata de darle al grupo un lugar donde las conversaciones no tengan que competir con todo lo demás.
