No discuten el destino
La primera razón es simple: no discuten el destino. Elegir juntos suele ser la parte más larga y la menos linda del viaje. Una sorpresa se salta esa negociación. Alguien ya resolvió el lugar. Los dos se ocupan de estar.
Eso no es desinterés. Es dejar que una decisión grande la tome quien armó el regalo, y reservar la conversación para lo que sí se vive juntos: a qué hora salen, qué quieren caminar, dónde se sientan a comer.