El traslado los dejó ahí
El traslado los dejó en un pueblo chico, con la montaña adelante y un desayuno que duró más que el plan. No sabían el nombre del valle hasta que lo vieron. Esa fue la gracia: el lugar llegó antes que la explicación.
La primera hora fue mirar. No hubo checklist. Hubo una calle corta, un café y la sensación de haber acertado sin haber elegido. Para una pareja, ese rato vale más que el itinerario que no armaron.