CUANDO EL FIN DE SEMANA SE CONVIERTE EN UNA REUNIÓN
Los grupos tienen una forma bastante particular de arruinar una escapada antes de salir: convertirla en una reunión.
Uno quiere playa. Otro quiere caminar. Alguien propone comer bien. Alguien dice que no quiere hacer nada. Después aparece una planilla, un horario posible, una encuesta y, de pronto, nadie recuerda por qué quería irse.
Piriápolis tiene una virtud poco estridente: no obliga a elegir un solo ánimo. Está el mar, con su rambla larga y sus puertos de escala menor. Están los cerros que rodean el balneario. Y, un poco más allá, las Sierras de las Ánimas, donde el horizonte deja de ser una línea y empieza a tener relieve.
La mejor versión de este viaje no es la de un grupo que hace todo junto. Es la de un grupo que deja de discutir qué sería “aprovechar” el fin de semana.