LA CIUDAD DONDE HASTA EL PAISAJE PARECE TENER PRISA
Quito está construida para mirar hacia arriba.
Hay cerros, pendientes, nubes que cambian de lugar rápido y una ciudad que obliga a medir el día en subidas, bajadas, trayectos y tiempo. Incluso cuando una pareja quiere escapar, suele llevarse esa costumbre: hay que hacer suficiente, aprovechar suficiente, volver con algo que justifique haber salido.
Mindo queda del otro lado de esa lógica.
El bosque nublado no se deja comprender de una vez. La humedad cambia el olor de las cosas. Las hojas tienen tamaños poco razonables. Los sonidos aparecen antes que los animales. Una nube puede bajar hasta la altura de los ojos y, de pronto, el día deja de tener horizonte.
No es un lugar para competir con el paisaje.
Es un lugar para aprender a entrar sin hacer demasiado ruido.
