Qué tiene que tener el lugar
Para empezar, conviene un destino con transporte claro, caminable y con gente acostumbrada a recibir viajeros. Una ciudad mediana o un pueblo con plaza, mercado y una salida de un día suele funcionar mejor que un circuito enorme. Si te perdés, tiene que ser fácil volver a un punto conocido.
Elegí un lugar donde puedas volver al alojamiento sin pensarlo demasiado. La aventura está en lo que pasa en el medio: el café, la conversación, la calle que no estaba en la lista. No en resolver tres combinaciones de tren con la valija.