Ocho es una fiesta y una logística
Entre ocho, una ruta del vino se vuelve logística y también fiesta. Hace falta un conductor que rote, una reserva que alcance para todos y la paciencia de no convertir cada bodega en una carrera. Si el traslado no está resuelto, la mesa no se disfruta.
Elijan menos paradas de las que parece que entran. Dos bodegas y un almuerzo largo le ganan a cuatro catas apuradas. El grupo recuerda la mesa, no la cantidad de etiquetas.