LA CIUDAD DONDE HASTA VERSE REQUIERE UNA LOGÍSTICA
En Buenos Aires, encontrarse con alguien que uno quiere puede requerir una coordinación bastante seria.
Hay que ver qué día. A qué hora. Dónde. Si da el tránsito. Si se llega con energía. Si la cena termina temprano porque al día siguiente hay que levantarse. A veces una pareja logra liberar una noche y, sin embargo, pasa buena parte de ella organizando la próxima semana.
No es un problema de afecto.
Es una ciudad que interrumpe bien.
La Cumbrecita ofrece una interrupción distinta. Es un pueblo peatonal: los vehículos quedan afuera y la llegada continúa a pie. Parece un detalle menor, pero cambia la escena. No hay que buscar estacionamiento frente a cada lugar, no hay que salir corriendo de una punta a otra, no hay que convertir el paseo en una secuencia de traslados.
Por tres noches, caminar deja de ser una forma de llegar.
Puede volver a ser una forma de estar.
