LA CIUDAD DONDE HASTA CENAR REQUIERE COORDINACIÓN
En Montevideo, salir a comer puede empezar a sentirse como un trabajo de oficina.
Hay que elegir, reservar, calcular el tránsito, confirmar si se llega, revisar si todavía hay energía para conversar. A veces uno se sienta frente a alguien que quiere mucho y, aun así, la noche queda tomada por lo que falta resolver.
No es falta de ganas.
Es exceso de semana.
Por eso Garzón no empieza en un plato ni en una copa. Empieza cuando aceptan que, durante tres noches, no hace falta que cada comida justifique el viaje ni que cada conversación llegue a una conclusión.
El pueblo conserva otra escala: la estación de tren, la capilla, los caminos interiores y un entorno rural donde la olivicultura y la vitivinicultura forman parte del paisaje. No hay demasiado que conquistar.
Hay, por suerte, menos motivos para apurarse.
