No llenar cada hora
Hay un arte en no llenar cada hora. Sentarte a mirar una plaza, perder un colectivo y encontrar otro camino forma parte del viaje tanto como el lugar al que ibas. Si el día está ocupado de punta a punta, viajás al lado del lugar, no adentro.
Dejá un bloque sin plan, aunque sea una hora después del almuerzo. Ese hueco es donde suele aparecer lo que después contás. No porque sea espectacular, sino porque tuviste tiempo de verlo.