CUSCO, LA CIUDAD DONDE TODOS ESTÁN POR IRSE A ALGUNA PARTE
Cusco tiene una energía particular: casi todos parecen estar a punto de partir.
Hay mochilas en las veredas, conversaciones sobre horarios, mapas abiertos, gente revisando el clima con la esperanza de que una aplicación pueda negociar con la montaña. La ciudad recibe viajeros hace tanto tiempo que aprendió a convivir con esa ansiedad de llegada.
Todos quieren ir a Machupicchu.
Y tiene sentido.
El problema empieza cuando Machupicchu se vuelve una meta con forma de foto. Cuando todo lo anterior parece trámite: Cusco, el valle, los pueblos, el cansancio, la altura, el camino.
El Camino Inka propone otra lógica.
No borra la expectativa de llegar. Sería inútil fingir que no existe. Pero la desplaza. La vuelve menos importante que el siguiente paso, el cambio del clima, la conversación que aparece en una pausa, la piedra que obliga a mirar dónde se apoya el pie.
El viaje solo empieza de verdad cuando uno deja de contar los días que faltan.
