LA CIUDAD DONDE CAMINAR SIEMPRE ES LLEGAR A ALGO
En Bogotá se camina mucho, pero rara vez se camina sin una razón práctica.
Se camina para alcanzar el siguiente transporte, para llegar a una reunión, para volver antes de que el día se complique. Incluso una caminata de pareja puede terminar pareciéndose a una diligencia: hay que aprovechar la tarde, comprar algo, resolver una conversación, llegar a algún lugar antes de que oscurezca.
El cuerpo avanza, pero la cabeza sigue haciendo cuentas.
Barichara y Guane proponen otra cosa. No una escapada donde la aventura se mida por la dificultad, sino un territorio donde el camino vuelve a tener entidad propia. Las calles de piedra, las casas de tapia y el descenso hacia Guane obligan a caminar a un ritmo que no admite demasiada ansiedad.
No porque el paisaje cure nada.
Porque una piedra detrás de otra no tiene interés en discutir con la agenda.
