LA CIUDAD DONDE TODO OCURRE A NIVEL DEL MAR
Lima tiene una manera particular de llenarlo todo.
El día se organiza entre trayectos, mensajes, pendientes y planes que nacen antes de que termine el anterior. Incluso cuando dos personas logran escaparse, la ciudad parece viajar con ellas: alguien revisa una reserva, alguien pregunta qué sigue, alguien propone aprovechar más.
En Arequipa y el Colca, esa costumbre empieza a desarmarse por una razón física.
La altura no negocia.
Obliga a bajar el ritmo, a tomar agua, a respirar con más cuidado, a aceptar que el cuerpo tiene su propio tiempo. Y eso, para una pareja acostumbrada a resolverlo todo rápido, puede ser una aventura bastante más interesante que cualquier lista de actividades.
No se trata de ir a buscar respuestas a la montaña.
Se trata de dejar de exigirlas mientras el paisaje cambia de escala.
