EL PAISAJE NO SABE QUE VINIMOS EN GRUPO
Todo viaje con amigos empieza mucho antes de salir. Generalmente, en un chat.
Alguien propone una fecha. Otro responde con un audio. Un tercero pregunta algo que ya estaba explicado. Durante unos días, el viaje parece consistir en organizar el viaje.
Después aparece Alto Paraíso de Goiás y la conversación encuentra otros asuntos.
La ciudad sirve de base para explorar la Chapada dos Veadeiros, en el Cerrado brasileño. Alrededor hay caminos, cascadas y un paisaje donde la vegetación deja ver el cielo. Árboles de formas torcidas, pastos, roca expuesta y sombras que uno aprende a agradecer.
Al principio, la mirada busca lo más grande: la caída de agua, el horizonte, la fotografía que justifique haber venido. Más tarde empieza a detenerse en otras cosas. Una textura bajo los pies. El sonido de un insecto. La forma en que alguien se queda callado al llegar a una poza.
El Cerrado tiene ese talento: ofrece mucho sin anunciarlo todo.
Para recorrerlo, tres noches permiten algo bastante sencillo y poco habitual en los viajes de grupo: pasar tiempo juntos sin tener que llenar cada hora.
